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24/10/2018. La posibilidad de triunfar en el ámbito profesional es lo que impulsa a muchos profesionales a mejorar sus habilidades e iniciativas como forma de escalar posiciones y ganar experiencia para emprender a posteriori. Sin embargo, cuando se llega a cierto punto, el desarrollo profesional no solo depende del esfuerzo y dedicación que se le ponga, sino de la adquisición de ciertas competencias sociales que marcarán la diferencia entre estar listo o no para asumir el rol de team leader.

 

Las posibilidades de lograr ser un buen líder para tu empresa se materializan trabajando arduamente en las habilidades de liderazgo personales. Esto cobra especial importancia si trabajas en un emprendimiento nuevo o en proyectos propios que quieres expandir hacia nuevos horizontes. Aunque este éxito también depende de ciertas habilidades técnicas y de la capacidad de proteger a tu empresa con medidas preventivas como los seguros de negocios, solo la práctica y los errores pueden llevarte a alcanzar tu máximo potencial.

 

Con esto no queremos negar la existencia de esos líderes natos que parecen tener un ‘don de gentes’ y la sabiduría necesaria para guiar equipos enteros de trabajo. Por el contrario, queremos resaltar las maneras que tenemos de mejorar nosotros mismos con algunas recomendaciones y consejos prácticos para poner a trabajar ese don.

 

Habilidades de un buen líder

Comunicación: este aspecto es fundamental, y es la habilidad que caracteriza a los líderes por excelencia. Saber comunicarte con tu equipo implica saber escucharlos, entender sus necesidades y aceptar sus consejos y opiniones para un mejor manejo y organización de la empresa. Tú, como jefe, no puedes estar en todos los lugares al mismo tiempo ni al tanto de todos los movimientos de la empresa, por lo que el feedback de tu equipo es vital para no desatender ningún detalle.

Para mejorar tus habilidades comunicativas, demuestra interés en el punto de vista de los demás, escucha activamente lo que te dicen, déjalos hablar y explicar sus ideas hasta el final, presta atención a su lenguaje corporal y dales la oportunidad a todos de expresar sus opiniones respecto al trabajo que se está haciendo.

 

Gestión: con esto nos referimos a la capacidad de manejar proyectos de manera efectiva, algo que los expertos consideran la segunda mejor cualidad de un líder. Para esto es importante que conozcas las capacidades individuales de los miembros de tu equipo, sus fortalezas y debilidades, para poder distribuir las tareas y la resolución de problemas de manera efectiva. Conseguir un equipo volcado hacia los proyectos que hay que desarrollar es la meta máxima para un buen rendimiento.

Para mejorar tus capacidades de gestión, intenta responder a los requisitos de tus empleados en menos de 24 horas, demuéstrales afecto y preocupación por su estado físico, da las gracias siempre por el trabajo que hacen y aprende a ser flexible con sus horarios cuando lo necesiten.

 

Visión: para cada proyecto en que te embarcas es necesario tener visión global de los resultados que esperas y saber comunicarlo al resto del equipo para que todos se impliquen en sus labores. Motivarlos a diario reconociendo sus logros y señalando sus fallos para corregirlos es una buena manera de mantener la energía y el entusiasmo ante los nuevos retos.

Para mejorar tu visión hacia cada proyecto es mejor dar órdenes concretas, prestar mayor atención a los detalles, mantener informados a tus empleados sobre los cambios y avances de los proyectos y explicarles cuándo debe estar completada cada tarea. De esta manera entenderán lo que quieres lograr y su desempeño irá orientado hacia esa meta.

 

Trabajo en equipo: ser el jefe o la cabeza del proyecto hace más necesarias tus capacidades de trabajar en equipo. Esto implica todas las anteriores cualidades puestas a trabajar en función de un buen engranaje en el trabajo diario que permita soluciones creativas y una buena gestión de todos los elementos implicados.

Para mejorar la dinámica de trabajo del equipo, puedes hacer breves reuniones cada semana para saber cómo están yendo las tareas asignadas, evaluar los avances, motivar a tus empleados a no rendirse por los errores cometidos y ofrecer tu ayuda en lo que necesiten.