Cada suelo es un mundo con sus propias peculiaridades, características, ventajas y necesidades específicas en base a las cuales debes elegir los productos de limpieza adecuados y la forma más efectiva para limpiarlo sin estropearlo. ¿Cómo? Te lo contamos todo a continuación

 

Ahora que tienes tu propia casa, un seguro de hogar que te hace sentir tranquilo y gozas de las libertades que conlleva ser el propietario, también debes asumir ciertas responsabilidades para garantizar el cuidado de tu propiedad, tanto a nivel de limpieza como a nivel de mantenimiento. En ese sentido, el suelo es una de las partes más afectadas de la casa pues, por su naturaleza, está expuesto a pisadas de todo tipo a cualquier hora del día, restos de comida que caen cuando cocinamos, polvo que se acumula cuando dejamos la ventana abierta o cuando pasan varios días entre limpieza y limpieza.
 
Para evitar estar limpiando continuamente podemos adoptar ciertas medidas de prevención y contención, como andar descalzo por casa, pedir a tus invitados y acompañantes que hagan lo mismo y tener calzado adecuado y limpio en el recibidor para facilitarles el trámite. Asimismo podemos instalar un burlete en las puertas de acceso para detener el polvo que entra por las rendijas. De esta manera podrás reducir la cantidad de veces que es necesario limpiar tu casa. 
 

Limpiar el suelo de acuerdo a los materiales

Si la opción de andar descalzos en casa no es la que más cómodo te hace sentir, puedes establecer una rutina de limpieza que se ajuste a tu día a día: 
 
Si el suelo es de parqué o tarima: el parqué es un material bastante vulnerable a la humedad, sobre todo cuando es un material barnizado, por lo que no es recomendable limpiarlo con demasiada frecuencia. Para evitar usar agua demasiadas veces al día, podemos usar una mopa mojada para terminar la limpieza y de vez en cuando, y aplicarle productos limpiadores específicos para parqué. También es recomendable que lo cuides de la exposición directa del sol, pues tiende a decolorarlo. 
 
Cerámica: aunque no suele ser el suelo característico de viviendas por ser un poco frío, es uno de los materiales más resistentes para este fin. Para limpiarlo debes primero retirar todo el polvo acumulado con una escoba o con una aspiradora para, posteriormente, limpiarlo con una mezcla de agua y desinfectante de suelos. El mayor inconveniente de este material son las juntas, que no suelen responder bien a la fregona y requieren ser limpiadas cuidadosamente con un cepillo pequeño y un poco de lejía. También podemos buscar productos limpiadores para juntas y aplicarlos un par de veces al año de cara a mantener nuestro suelo como nuevo. 
 
Mármol: otro de los materiales más resistentes y de los que menos trabajo requiere a la hora de su limpieza. Para limpiar el mármol solo nos hace falta una escoba, una fregona y un poco de agua con vinagre. El único problema de este material es que va perdiendo su brillo con los años, pero puedes adquirir una pulidora para mantenerlo en su punto o hacerlo de manera manual con productos limpiadores para ello. 
 
Alfombra: la alfombra es un excelente aislante térmico y acústico, pero también es un material receptor de polvo y suciedad por excelencia, así como vulnerable a las manchas de cualquier tipo. Lo mejor que puedes hacer para mantener tu suelo alfombrado limpio es usar aspiradora y utilizar agua con bicarbonato en caso de que necesiten una limpieza más profunda.