Existen tres tipos de testamentos posibles, pero es el ológrafo al que más miedo le tenemos, pues implica dejarlo estipulado en vida con nuestro puño y letra sin necesidad de un notario, para que después del fallecimiento no haya malentendidos con respecto a la repartición de los bienes. Si estás planteándote organizar el tuyo, este artículo te interesa.

 

Las emociones a las que nos enfrentamos tras la muerte de un ser querido, familiar o amigo cercano son muchas y complejas de asimilar, sobre todo cuando tenemos que hacernos cargo de los trámites burocráticos derivados de una pérdida semejante, como el reparto de los bienes que el difunto ha dejado en vida. Si se contaba con un seguro de vida, el dinero del mismo irá directamente a los beneficiarios que se dejaron estipulados, lo que facilita bastante las cosas a la hora de completar el trámite. Pero en aquellos casos que no disponen de él, el reparto de pertenencias se puede tornar complicado. 
 
Lo primero que necesitas es la asesoría de un abogado sobre la modalidad que más te conviene, así como los detalles que deben tratarse en cada caso. La ley estipula que quien deja el testamento debe tener más de 14 años y no sufrir de  ninguna discapacidad que le impida redactarlo, lo que debe ser probado por una sentencia judicial.
 

¿Cuáles son los tipos de testamento que existen?

Los testamentos se dividen en comunes y especiales; los primeros, a su vez, se dividen en tres tipos: 
 
Testamento ológrafo: el testamento ológrafo es aquel que el testador redacta en su totalidad de su puño y letra, firmado y fechado de acuerdo al día que se otorga. Este tipo de testamento solo puede ser otorgado por personas mayores de edad y se hace efectivo mediante la presencia de un Juez de Primera Instancia, que citará a testigos (familiares más cercanos) para comprobar que la letra del fallecido es realmente suya. Por otro lado, la persona que tenga en su poder el testamento debe presentarlo en un plazo de 10 días desde que exista conocimiento de la muerte del testador; de lo contrario será responsable de los perjuicios que este retraso ocasione en cualquier sentido. 
 
Testamento abierto: el testamento abierto se hace en presencia de un notario y es este el que se queda con el documento original para evitar el riesgo de pérdida. En caso de que el testador sea ciego, esté incapacitado para firmar (por no saber o por no poder), no sepa leer o por expresa solicitud del notario, se requerirán dos testigos que avalen la elaboración del documento. 
 
Testamento cerrado: en este caso, el testador elabora su testamento y, sin desvelar lo que desea hacer con sus bienes luego de que fallezca, se lo entrega al notario, quien lo mantendrá en su poder hasta que sea pertinente comunicárselo a sus familiares. 
 
Por último, los testamentos especiales son aquellos que se elaboran en caso de peligro de muerte (por enfermedad, por accidente mortal, por guerra…) o en peligro de epidemia. 
 
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