Fiebre en perros: síntomas, causas y cuidados

Fiebre en perros: señales que no debes ignorar

06/08/2026

La fiebre en perros es una señal de alerta que indica que el organismo está reaccionando frente a una infección, inflamación u otro problema de salud. Aunque muchas veces puede tratarse de un proceso leve, también existen situaciones en las que una temperatura elevada puede poner en riesgo la vida del animal. Según recuerda la Organización Colegial Veterinaria Española, detectar los síntomas a tiempo y acudir al veterinario es clave para evitar complicaciones graves. Además, contar con un seguro para perros puede ayudar a afrontar con mayor tranquilidad los costes veterinarios asociados a pruebas diagnósticas y tratamientos especializados.
 
En los perros, la temperatura corporal normal suele situarse entre los 37,8 ºC y los 39,2 ºC. A partir de los 39,4 ºC ya puede considerarse fiebre. Identificar los síntomas y actuar con rapidez resulta esencial para proteger su bienestar.
Imagen de una mujer feliz besando a su perro dálmata durante un paseo urbano por la ciudad. Concepto de amistad, amor y cuidado.

La fiebre no es una enfermedad en sí misma, sino una respuesta del sistema inmunitario frente a distintos problemas de salud. El organismo eleva la temperatura corporal para combatir agentes infecciosos o procesos inflamatorios.

Entre las causas más habituales destacan las infecciones víricas y bacterianas. Enfermedades como el parvovirus, el moquillo o determinadas infecciones respiratorias pueden provocar fiebre alta acompañada de apatía y pérdida de apetito.

También existen enfermedades transmitidas por parásitos, especialmente garrapatas y mosquitos. Patologías como la leishmaniosis o la ehrlichiosis suelen presentar episodios febriles recurrentes, y forman parte de las enfermedades de los perros más habituales.

Otra causa frecuente son las inflamaciones internas, como pancreatitis o infecciones uterinas en hembras no esterilizadas. Los procesos autoinmunes también pueden alterar la temperatura corporal del perro.

En ocasiones, la fiebre aparece tras una vacunación reciente. Normalmente se trata de una reacción leve y temporal que desaparece en pocas horas.

Además, ciertas intoxicaciones por plantas, alimentos o medicamentos humanos pueden desencadenar fiebre severa y poner en peligro la vida del animal.

Reconocer los síntomas de fiebre en perros permite actuar antes de que el problema avance. Aunque la única forma fiable de confirmarla es medir la temperatura, existen señales muy evidentes.

Uno de los síntomas más habituales es el letargo. El perro se muestra más cansado, duerme más horas y pierde interés por el juego o los paseos.

También es frecuente observar pérdida de apetito o rechazo al agua. Algunos perros buscan zonas frescas de la casa para tumbarse, especialmente el suelo o espacios con sombra.

Los escalofríos y temblores son otra señal común. El organismo intenta generar calor para adaptarse al aumento de temperatura interna.

En algunos casos pueden aparecer conductas extrañas relacionadas con el malestar físico, similares a las alteraciones hormonales y emocionales que se observan durante un embarazo psicológico en perros.

El jadeo excesivo es uno de los síntomas físicos más fáciles de detectar. Cuando un perro tiene fiebre, aumenta su respiración para intentar reducir el calor corporal.

También pueden aparecer:

  • Nariz caliente y seca
  • Ojos enrojecidos o vidriosos
  • Encías secas
  • Taquicardia
  • Debilidad muscular
  • Vómitos o diarrea

Si la temperatura supera los 41 ºC, la situación se convierte en una urgencia veterinaria. En estos casos existe riesgo de fallo multiorgánico y golpe de calor.

La forma más precisa de medir la temperatura de un perro es mediante un termómetro digital rectal. La medición en la axila no ofrece resultados fiables.

Para hacerlo correctamente:

  • Mantén al perro tranquilo y relajado
  • Lubrica la punta del termómetro con vaselina
  • Levanta suavemente la cola
  • Introduce el termómetro entre 2 y 3 centímetros
  • Espera al pitido y retíralo despacio

La temperatura normal de un perro adulto suele situarse entre los 37,8 ºC y los 39,2 ºC. Si supera los 39,4 ºC, conviene consultar con el veterinario.

Nunca deben utilizarse termómetros de mercurio. Los modelos digitales son más seguros y rápidos.

Si sospechas que tu perro tiene fiebre, lo primero es contactar con un veterinario. La fiebre elevada puede esconder enfermedades graves que requieren tratamiento profesional.

Mientras acudes a consulta, puedes aplicar algunas medidas de apoyo:

  • Ofrecer agua fresca constantemente
  • Mantener al perro en una habitación ventilad.
  • Aplicar paños húmedos con agua templada en abdomen, inglés y almohadillas
  • Evitar el ejercicio físico

Nunca utilices medicamentos humanos como paracetamol o ibuprofeno. Estos fármacos son tóxicos para los perros y pueden provocar daños hepáticos o renales muy graves.

En situaciones de urgencia veterinaria, disponer de un seguro para perros puede facilitar el acceso rápido a pruebas diagnósticas y tratamientos especializados.

La mejor forma de prevenir la fiebre es mantener una rutina veterinaria adecuada. Las vacunas y desparasitaciones reducen significativamente el riesgo de enfermedades infecciosas.

Algunas recomendaciones importantes son:

  • Cumplir el calendario de vacunación
  • Utilizar antiparasitarios durante todo el año
  • Evitar paseos en horas de calor extremo
  • Garantizar hidratación constante
  • Mantener una alimentación equilibrada
  • Realizar revisiones veterinarias periódicas

La Ley 7/2023 de protección de los derechos y bienestar de los animales establece la obligación de proporcionar atención sanitaria adecuada a las mascotas. Esto incluye acudir al veterinario ante síntomas compatibles con enfermedad o fiebre persistente.

La fiebre en perros genera muchas dudas entre los cuidadores. A continuación, resolvemos algunas de las preguntas más habituales.

No necesariamente. Algunas fiebres leves pueden aparecer tras una vacuna o por procesos inflamatorios pasajeros.

Solo es recomendable medirla cuando existan síntomas compatibles con fiebre o durante un tratamiento veterinario. Realizar mediciones constantes sin necesidad puede generar estrés en el animal.

La duración depende de la causa que la provoque. Algunas fiebres desaparecen en menos de 24 horas, mientras que otras pueden mantenerse durante varios días. Si la fiebre persiste más de 24 horas, debe revisarla un profesional.

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