Los tipos de aparcamiento se clasifican, principalmente, según la posición en la que se deja el coche respecto a la vía.
- Aparcamiento en línea. Es el más común en calles estrechas o zonas urbanas. El coche se coloca en paralelo al bordillo. Aunque es útil para ahorrar espacio, requiere algo más de habilidad para maniobrar, sobre todo si el hueco es justo. Si no se calcula bien la distancia con el coche de atrás o de delante, pueden producirse pequeños golpes o arañazos. Si alguna vez te ha pasado, es fundamental que sepas qué hacer si te han dado un golpe en el coche aparcado.
- Aparcamiento en batería. Aquí el coche se coloca perpendicular a la acera. Es muy común en aparcamientos de centros comerciales, garajes o zonas amplias. La maniobra de entrada y salida es sencilla si hay espacio suficiente, pero debes tener cuidado al abrir las puertas para no golpear al vehículo de al lado.
- Aparcamiento en espiga u oblicuo. Similar al aparcamiento en batería, pero con un ángulo de 45 grados respecto a la acera. Es utilizado en zonas con un tránsito fluido, ya que facilita una entrada rápida, aunque la visibilidad al salir se limita.
- Aparcamiento en doble fila: Solo se permite de forma momentánea y sin abandonar el vehículo. Aun así, es una práctica habitual en muchas ciudades y suele generar conflictos, multas y, en ocasiones, accidentes. No es recomendable ni seguro.